miércoles, 8 de marzo de 2017

Los pollitos dicen...........Guau, guau, guau

Solo imaginemos la sorpresa de mamá gallina al escuchar que sus pollitos están ladrando. ¿Qué se podría pensar al respecto? Cuando le pregunta al más pequeño de los pollitos porque está ladrando, él le contesta que ladra por que sus hermanitos mayores también ladran, esto quiere decir que todos los pollitos ladran. 



Cuando mamá gallina le pregunta al otro pollito porque estaba ladrando, le da la misma respuesta, mis otros hermanitos también ladran, entonces todos los pollitos debemos de ladrar. La gallina fue así preguntando a cada uno de los pollitos y siempre recibía la misma respuesta, hasta que llegó con el pollito mayor, le hizo la misma pregunta y él le contestó. 

Recuerdo muy bien que cuando yo nací, el primer sonido que escuche fue un ladrido y después otro y otro, pero a la primera a la que vi fue a tí, entonces no debemos de ser genios para hilvanar las cosas. Tú y yo nos parecemos, eso quiere decir que somos familia, y nos comunicamos ladrando. 

A veces, damos por sentado muchas cosas con las que tenemos contacto o a las que estamos expuestos en algún momento. Y la fuerza con la que nosotros creamos en ellas, les da el carácter de verdad. Posiblemente al leer el título pensamos inicialmente, ¿Qué paso? ¿Acaso ahora los pollitos son bilingües? Por supuesto que no.

Cuando algo nos llama la atención, es porque sale de lo común y entra en contacto con nosotros. Eso se llama disonancia cognitiva. Y nos pasa a todos, se da cuando nos encontramos frente a algo que no lo consideramos normal dentro de nuestras costumbres, pensamientos, comportamientos y parámetros.


Puedo aceptar que un loro diga algunas palabras porque eso es lo que podemos considerar normal. Pero si es que pusiéramos a ese loro que habla, en medio de una parvada de muchos otros loros que no hablan, y asumiendo que los loros pudieran llegar a analizar el comportamiento de esto loro parlante, ¿Qué creemos que podrían pensar?

Entonces aquí ingresa otro término que dicta también de manera muy fuerte nuestro comportamiento y no es otra cosa que el paradigma. Lo bueno, lo malo, lo correcto, lo errado, todo se juzga a través de los paradigmas. Por supuesto cualquiera sea la conclusión que podamos llegar a determinar tendrá que ver en mayor o menor grado con los paradigmas que nosotros tenemos como válidos.  

¿Cual es nuestro paradigma, cual es la idea más fuerte que gobierna nuestras vidas? ¿A donde nos encontramos y a donde queremos llegar? Preguntas muy sencillas, pero nos meten en un problema serio cuando tratamos de responderlas. ¿Nos sentimos parte de un colectivo, nos sentimos igual que las personas que nos rodean?, ¿nos sentimos bien con lo que somos?

¿Queremos ser diferentes? ¿Deseamos hacer cosas distintas? Pues entonces hay que dejar de esperar que algo mágico ocurra, y de una vez iniciar el cambio. Si solamente me dedico a criticar, a esperar que otros hagan y yo mirar desde las graderías para después que hayan terminado simplemente decir, esto está mal y no hago nada para mejorarlo, entonces no estoy haciendo nada diferente, solo estoy yendo por donde va el redil.

Si no levantamos nuestra voz, si no cambiamos nuestra manera de pensar, si nuestros actos, siempre son los mismos, con toda seguridad, los resultados que obtengamos serán exactamente iguales que cuando empezamos a quejarnos.

Si solo nos dedicamos a decir guau, guau, igual que los pollitos, porque fue lo que escuchamos desde siempre, seguramente terminaremos en el plato de alguien más, convertidos en milanesa.   
  
       

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