sábado, 22 de abril de 2017

Ya no uso pañales

Gran paso el que da un niño cuando deja los pañales. Pero a veces el problema no es el niño somos nosotros. Sé que existen muchos padres cariñosos e inteligentes que enseñan a los niños la mejor manera de dejar de mojar la cama, pero lamentablemente aún existen muchos otros que no utilizan los mejores modos para que los niños aprendan.

Sé que algunas personas que leen mis post me conocen también en persona, y saben que mi padre es médico. Desde muy pequeño, por no decir toda mi vida, estuve en contacto con muchas cosas y eventos médicos. Escuché también algunas historias sobre casos por demás increíbles. Entre las historias escuchadas de primera mano, recuerdo una que me dejó impactado.

Una tarde mientras estábamos reunidos alrededor de la mesa almorzando, entre las distintas cosas que conversábamos mi papá hizo un comentario sobre un niño que había llegado a emergencia para ser atendido. Hasta allí todo bien, nada fuera de lo usual, pero cuando siguió contando se hizo evidente la razón por la cual el niño estaba allí.


No fue un accidente, ni una caída, no fue un corte, ni nada de eso, estaba allí por causa de sus propios padres. ¿Recordamos los pañales? Pues bien justamente se trataba de eso. Era un niño de 3 años con quemaduras en sus nalgas, las​ que ocurrieron por haberse sentado sobre un ladrillo caliente pero no por accidente, fue puesto allí por sus propios padres. ¿Y por qué? Porque no dejaba de orinar la cama.
Estoy hablando que este hecho ocurrió hace más o menos 45 años en un lugar llamado Huariaca en el hospital en el que por esos días trabajaba mi papá.

Sé que en todo este tiempo han ocurrido muchas cosas y las situaciones han cambiado, pero hay algo que sigue igual, los niños siguen orinando la cama.

Recuerdo el día que decidí quitarle los pañales a mi hijo. Tenía año y medio más o menos, hablaba ciertas palabras y caminaba tambaleándose pero estaba listo para dejar los pañales. Era medio día de un fin de semana de febrero cuando se dio el primer paso, y solo le pusimos un polito, pantaloncillos cortos y unas sandalias. Estábamos jugando en el comedor muy cerca de la cocina y de pronto se quedó parado, inmóvil, sus piernas se mojaron y se hizo un pequeño charco en el piso justo debajo de él.



Se miró los pies y al líquido que los rodeaba, me miró desconcertado y casi comienza a llorar. Lo miré con una sonrisa y le pregunté, ¿Qué pasó, pichi? Con voz casi imperceptible me dijo, "sí" mientras asentía con la cabeza, me reí con él y le dije: ¿y ahora qué hacemos, lo limpiamos? Con mirada tímida me dijo "sí".

Fui a la cocina por un trapeador y mientras secaba le pregunté: ¿La próxima vez me avisas y te traigo tu tarrito? Se rió y me dijo, "ya". Último día que usó pañales. Lo cambié y continuamos jugando.

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