Hiperconexión, es lo que tenemos el día de
hoy. Vídeo juegos, películas por demanda, conexión ultra rápida a Internet,
toma y envío de fotos en segundos, envío de vídeos al otro lado del planeta,
pulgares arriba cuando algo nos gusta y corazones cuando nos encanta.
Esta película me hizo recordar el mundo en
el que vivimos, cada vez más hiperconectado. Les dejo una extracto Aquí del primer
capítulo me pareció genial.
En esta época en que nuestras opiniones y
comentarios llegan a muchas personas al mismo tiempo y que le damos más
importancia a cuántos likes tiene nuestra publicación en Facebook, que a lo que
podamos conversar con nuestra familia, o nuestros amigos, nuestros hermanos o
nuestros hijos, estamos perdiendo nuestra capacidad de hablar, estamos perdiendo
nuestra habilidad de conversar.
Reuniones de personas que se sientan
alrededor de una mesa, pero no separan los ojos de la "Black Mirror",
golpeándola insistentemente, escribiendo medias palabras, copiando caritas que
simulan estados de ánimo, tomándole fotos a lo que están comiendo, enviando
mensajes que pretenden gritarle al mundo lo bien que la estamos pasando. Nunca
más solos, nunca más olvidados, nunca más desconectados de aquellos que
queremos, nunca hemos estado más aislados que ahora. Tratamos de conseguir aprobación de todo el mundo, generar
tendencia en las redes y ser populares. ¿Pero en realidad que significa todo
eso?
Nuestra soledad interna a veces
insostenible e intolerable nos empuja cada vez más fuerte hacia una vida
paralela. Estamos más impulsados a crear un sub mundo paralelo en las redes
sociales, que a construir un verdadero universo a nuestro alrededor, nos
importa más el “mundo virtual”,
que nuestro antiguo y acogedor “mundo
analógico”. Las personas que nos rodean, nos gritan, nos empujan, nos
llaman, pero nada parece ser mejor para satisfacer nuestro ego, que una selfie comiendo una torta de chocolate
o tomando una cerveza, preferimos un like
en nuestra foto, que las palabras de las personas que queremos y nos
quieren.
Las conversaciones más animadas las tenemos
por el messenger o por el WhatsApp, pero siempre usando palabras mutiladas y
figuritas que intentan semejar nuestros estados de ánimo. Usamos caritas
sonrientes para mostrar que estamos felices, aunque realmente no lo estemos,
nadie puede escuchar nuestra voz, nadie puede leer lo que hay dentro de
nosotros.
Parece mentira pero resulta muy fácil
esconderse detrás de la “Black Mirror”
y mostrar solo lo que queremos que se vea de nosotros. Conozco a personas que retocan
sus fotos cada vez que las van a subir para que se les vea “bien”. Pues claro,
quieren recibir muchos likes, eso indica el nivel de aceptación en este mundo,
pero así tan rápido como puedes ganar pulgares arriba, así puedes caer en el
olvido y cuando eso pasa vienen los problemas de “depresión”.
Ya no jugamos trompo, bolitas, lingo,
canga, kiwi o escondidas, (ya se hay muchos que no entienden de que estoy hablando, son juegos que desaparecieron en el olvido tras los juegos virtuales) ya no conversamos con nuestros amigos, solo usamos
los pulgares para pinchar la pantalla y publicar nuestra maravillosa vida en
las redes sociales. El otro día intenté conversar con un grupo de muchachos ¿y
que creen? No teníamos nada de qué hablar, y eso no es por la diferencia de
edad, sino porque simplemente no tienen idea de los que pasa a su alrededor, no
tiene ni idea de lo que pasa en el mundo real, fuera de sus juegos on line y
sus redes sociales. El 90% de ellos, el año pasado y lo que va de este año, no
ha leído ni un solo libro, a menos que hayan sido unas pocas páginas por
obligación de algún curso o profesor.
¿Qué nos está pasando?

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