domingo, 24 de septiembre de 2017

Cuando cumples 100 años

Cuando niño, uno de nuestros mayores deseos es crecer, y ser iguales a papá o a mamá. Queremos dejar de ser niños, para poder hacer cosas de grandes. Y fue justo hace un tiempo,  que estaba hablando con mi hijo, y entre los detalles de la conversación le dije, "Feliz Día del Niño". Automáticamente me contestó:"ya no soy un niño"

Esto corrobora lo dicho arriba, nuestro mayor deseo es crecer y ser grande. Pero no tenemos ni idea, sobre todo lo que nos espera, para cuando "seamos grandes".    

El deseo de ser grandes es porque necesitamos de manera urgente, sentir que somos libres y que podemos hacer lo que queramos, sin tener que pedirle permiso a una persona mayor. Esa es la primera trampa de la vida adulta.

Recuerdo hace mucho, justo el día de mi cumpleaños número 18, mis padres me saludaron y junto con un regalo, el que ya ni recuerdo, me entregaron una tarjeta. Hasta allí nada fuera de lo normal, salvó lo que tenía escrito en palabras muy grandes. A la letra decía: "Feliz Cumpleaños. Ahora eres una vulgar y corriente persona adulta".

Claro que al inicio no entendí muy bien lo que significaba, hasta que con el tiempo me tuve que hacer cargo de mis propias cosas. Si bien mi libertad había crecido, también lo hicieron mis responsabilidades. Cosa que es difícil de entender y aceptar cuando acabamos de cumplir la mayoría de edad y lo único con lo que soñamos es ser libres.  

Hace unos días tuve una reunión, en ella yo era el parrillero, (me encanta la parrillada y además prepararla) y entre los chorizos, el asado de tira y algunas bebidas, las conversaciones van y vienen, lo mismo sucede con las opiniones. Es así que Rubén, un muchacho de 19 años, bastante inteligente, y muy bueno en los estudios, soltó entre la conversa, que quería ser independiente, y todo esto porque ya estaba cansado de tener que soportar a la mamá, a la abuela y quería vivir solo para poder hacer todo lo que quisiera, cuando quisiera y con quién quisiera.

Una imagen vívida me vino a la cabeza, sobre mi mismo cuando tenía esa edad, pero él además quería que la mamá vendiera la casa y le diera la mitad del dinero, que es lo que le correspondería como herencia. Solo lo miré y sonreí. Comencé a pensar, ¿que puede hacer un muchacho de 19 años con varios miles de dólares a su disposición? Ya se, habrá más de uno, que me dirá, seguro lo invierte,  lo hace producir y ganará más dinero, pero más fácil es decirlo que hacerlo.

A los 19, lo único en que te preocupas, es en gastar el dinero y en divertirte. Seguramente habrá un porcentaje de muchachos iguales a Warren Bufett que lo hará producir y posteriormente será millonario, pero, ¿Cuantos Warren Bufett hay en el mundo? Aún no conozco a nadie, que haya logrado aprender de la experiencia ajena, y me incluyo en el grupo por supuesto.

También estuve conversando con algunos otros muchachos, e invariablemente el deseo es independizarse de sus padres para hacer lo que quieran. Incluyendo acostarse con la personas que ellos o ellas elijan en el momento que les de la gana.

Pero aquí es cuando se inician los problemas, pues si bien para mi la verdad eso no representa ningún problema, la parte crítica está en que los "mocosos" solo quieren tener la libertad para hacer todo aquello que hace un adulto sin que nadie los controle, pero claro sin ninguna de las obligaciones y responsabilidades de un adulto.

¿En que momento dejamos de ser unos majaderos y nos transformamos en personas responsables? Es seguro que algunos de nuestros amigos del colegio, al igual que nosotros, han conseguido desarrollarse en una interesante profesión y establecido buenos negocios, pero otros se quedaron congelados en el tiempo. ¿Cuando es realmente, que cumplimos 100 años?        



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